El frío puede prevenir la acumulación patológica de proteínas típica de dos enfermedades neurodegenerativas asociadas al envejecimiento humano, según comprobaron científicos del CECAD Cluster of Excellence in Aging Research, de la Universidad de Colonia (Alemania).

Esta investigación, publicada en Nature Aging, se suma a estudios previos realizados en diferentes organismos que demostraron que la reducción de la temperatura corporal puede aumentar significativamente la esperanza de vida.

Los investigadores descubrieron que el frío activa un proceso de limpieza celular que ayuda a descomponer los agregados de proteínas dañinas responsables de causar enfermedades relacionadas con el envejecimiento y, si bien es conocido que las temperaturas extremadamente bajas pueden ser dañinas para los organismos, se descubrió que la reducción moderada de la corporal puede tener efectos muy beneficiosos.

Este fenómeno fue observado en animales de sangre fría como gusanos, moscas y peces, cuya temperatura corporal varía según el ambiente. Sin embargo, también se aplica a mamíferos, que la mantienen constante, independientemente de la temperatura ambiente, tanto si su entorno es cálido como frío.

La temperatura corporal normal ronda los 36,5 grados centígrados. (Foto: Adobe Stock)
La temperatura corporal normal ronda los 36,5 grados centígrados. (Foto: Adobe Stock)

Además, se observó que la temperatura corporal en humanos también está relacionada con la esperanza de vida. Normalmente, la temperatura del cuerpo humano se encuentra en un rango de 36,5 a 37 grados centígrados y fluctúa ligeramente durante el día, disminuyendo incluso a 36 grados durante el sueño. Aunque una caída brusca de la temperatura corporal por debajo de los 35 grados, puede provocar hipotermia, un curioso estudio anterior apuntaba a que una disminución gradual de 0,03 grados centígrados por década podría estar vinculada al aumento progresivo de la esperanza de vida humana en los últimos 160 años.

Resultados del trabajo sobre el efecto del frío en la longevidad de los organismos

El doctor David Vilchez y su equipo de trabajo emplearon un organismo modelo no vertebrado conocido como Caenorhabditis elegans, junto con el cultivo de células humanas que contenían los genes de dos enfermedades neurodegenerativas propias de la vejez: la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la enfermedad de Huntington.

Estas enfermedades se caracterizan por la acumulación de depósitos de proteínas perjudiciales y dañinas, también conocidas como agregaciones patológicas de proteínas. El uso de bajas temperaturas en ambos organismos modelo permitió la eliminación activa de los grupos de proteínas, lo que evitó la agregación patológica de proteínas que es común tanto en la ELA como en la enfermedad de Huntington.

Los científicos investigaron el efecto de las bajas temperaturas en la actividad de los proteasomas, que son los mecanismos celulares que se encargan de eliminar las proteínas dañadas de las células. Durante el estudio, se descubrió que el activador del proteasoma PA28γ/PSME3 disminuyó los déficit relacionados con el envejecimiento en el nematodo y las células humanas.

Además, se comprobó que se puede aumentar la actividad del proteasoma mediante una disminución moderada de la temperatura en ambos organismos. El especialista concluyó que estos resultados indican que el frío mantuvo su capacidad de regular el proteasoma a lo largo de la evolución, lo que tiene implicaciones terapéuticas para el envejecimiento y las enfermedades asociadas al mismo.

Podría aplicarse a otras enfermedades

El envejecimiento se identificó como un factor de riesgo importante para varias enfermedades neurodegenerativas que implican la agregación de proteínas, tales como el alzheimer, el párkinson, la enfermedad de Huntington y la ELA. “Creemos que estos resultados pueden aplicarse a otras enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, así como a otras especies animales”, señaló el profesor Vilchez.

Un hallazgo clave fue que la actividad del proteosoma puede incrementarse mediante la sobreexpresión genética del activador, lo que permite la eliminación de proteínas que causan enfermedades, incluso a la temperatura corporal normal de casi 37 grados centígrados. Estos resultados ofrecen posibles objetivos terapéuticos para el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con el mismo.